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Cuando el juego empieza a jugar a los jugadores

  • Foto del escritor: Javier Romano
    Javier Romano
  • 26 dic 2025
  • 5 Min. de lectura

La transmisión silenciosa de Quaternity



Quaternity no transmite comprensión

mediante palabras, sino mediante presencia.



Quien pasa suficiente tiempo en contacto con Quaternity acaba por notar algo inusual. Al sentarse ante el tablero —o al jugar online— con un jugador experimentado, el propio nivel de juego puede cambiar sutilmente. Los patrones se vuelven más claros, el sentido del tiempo se afina y las decisiones surgen con una facilidad que antes no se tenía. Algo ha cambiado: no por instrucción, imitación o consejo, sino simplemente por la presencia compartida en el juego. Esto no es accidental. Es intrínseco a Quaternity.



Desde sus primeros días, algunos jugadores han observado que la comprensión en Quaternity no se transmite como en los juegos ordinarios. La comprensión no pasa principalmente a través de reglas o explicaciones, sino mediante la participación. Quaternity fue diseñado como un sistema vivo: cuando un jugador entra en un estado de conexión —equilibrando la atención, la contención y la acción decisiva— ese estado afecta a todo el tablero. Los demás jugadores comienzan a responder de manera distinta, a menudo sin saber conscientemente por qué.


El tablero forma un campo. Cuando un jugador se alinea genuinamente con el juego —cuando el ego se relaja y la atención se unifica— esa alineación modifica el propio campo. Los demás, sin proponérselo, empiezan a sintonizar con la misma estructura de percepción. El juego se vuelve más claro para todos. También ocurre lo contrario: un jugador que ejecuta movimientos aleatorios o reactivos —impulsados por la represalia más que por la reflexión— introduce una forma de caos que interrumpe el flujo natural del juego.

Por eso jugar importa más que hablar. Just play and stop the bla-bla-bla».)


Con el tiempo, algunos de los jugadores más experimentados han reconocido patrones consistentes. La transmisión se produce con mayor facilidad cuando se dan ciertas condiciones.


En primer lugar, el olvido de uno mismo: la suspensión temporal de la ambición personal, del miedo o de la necesidad de dominar. («Cuando te pierdes en el juego, te conviertes en el juego».)

En segundo lugar, la maestría; no el brillo ni la agresividad, sino la profundidad de comprensión y la contención.    

En tercer lugar, la atención: una consciencia compartida del tablero como un único campo vivo, y no como cuatro batallas separadas.           

Y, por último, la proporción entre los jugadores, donde nadie fuerza el juego fuera de su equilibrio.


Cuando estas condiciones se alinean, Quaternity empieza a jugar a los jugadores.


El juego opera por resonancia. Cada jugador aporta al tablero una cualidad particular de atención, y las decisiones resuenan en todo el campo, a menudo retornando desde direcciones inesperadas. El cálculo cede paso a una sensación sentida de necesidad. Los jugadores empiezan a sentir el juego.


Algunos jugadores actúan menos como competidores y más como conductores. Sus movimientos no ejercen presión; clarifican el campo. En su presencia, otros pueden acceder brevemente a un nivel de juego que todavía no es estable en ellos mismos. No se intercambian palabras. El propio tablero comunica.


Quaternity también muestra que la proximidad no es únicamente física. Jugadores que han compartido una práctica prolongada suelen relatar que, incluso jugando a distancia o revisando partidas individualmente, emergen patrones de comprensión similares. Una vez establecida una conexión auténtica con el juego, la distancia pasa a un segundo plano.


La transmisión en Quaternity ocurre a través de varios canales. El más directo es el juego compartido: sentarse ante el mismo tablero y participar en la misma necesidad que se despliega. Existe también transmisión a través de la forma: posiciones concretas, finales o puzles que contienen una claridad particular cuando se abordan correctamente. Algunos tableros, juegos o lugares de práctica repetida parecen retener esta cualidad, facilitando que los recién llegados entren en la dinámica del juego.


Quizá lo más importante es que la transmisión se da a través de la continuidad. Quienes aprendieron de jugadores anteriores —quienes entraron en el juego cuando su comprensión aún se estaba formando— llevan algo consigo. No opiniones, sino orientación y un estilo modelado por el tiempo y la experiencia. Cuando un nuevo jugador se conecta con cualquier parte de esta cadena, accede a algo más que a la experiencia individual: entra en contacto con el trabajo acumulado que el propio juego contiene.


La intención juega un papel, pero no en el sentido habitual de la voluntad personal. Cuando la atención está libre de ambición o autoafirmación, se vuelve más precisa. Por supuesto, el objetivo explícito del juego es realizar los tres jaques mate, siempre que sea posible. Pero cuando un jugador está alineado de este modo, la intención ya no empuja ni interfiere. Un jugador así guía a los demás simplemente jugando de manera correcta. El tablero hace el resto.


De la observación prolongada emergen varios principios:


  • Quaternity transmite comprensión a través de la resonancia, no de la explicación.

  • La receptividad depende de la apertura, no de la inteligencia.

  • La flexibilidad y la audacia oportuna suelen revelar posibilidades más allá del cálculo.

  • En última instancia, es el propio juego quien decide cuándo se concede la comprensión.

  • En Quaternity, la «victoria» —comúnmente entendida como ‘ganar’— es un concepto relativo que en ocasiones parece contradecir lo que ya sabemos o lo que podemos esperar, como ocurre en el ajedrez tradicional u otros juegos basados en una lógica similar. A menudo puede describirse mejor como una cuestión de mérito o equilibrio, fundamentada en principios de tipo cuántico, donde el ganador obtiene algo para todo el grupo, no solo para sí mismo.


El mayor obstáculo para la transmisión en Quaternity es la creencia de que uno ya lo sabe todo. Esto cierra la percepción. El énfasis excesivo en ganar a cualquier precio, la fijación en resultados binarios o la queja constante sobre los «errores» de otros jugadores introduce ruido en el campo. Por el contrario, el silencio, la práctica regular, el enfoque compartido, la aceptación y la disposición a dejarse corregir por el tablero facilitan la comprensión.


Visto así, Quaternity no es simplemente un juego, sino un medio. Muestra cómo la percepción se propaga, cómo la consciencia despierta a la consciencia. Aquello que algunas tradiciones describieron simbólicamente, Quaternity lo demuestra de forma concreta, movimiento a movimiento.


Al final, Quaternity revela algo fundamental: la inteligencia no está confinada al individuo. Se mueve a través de sistemas, relaciones y campos compartidos de atención. El tablero hace visible lo que normalmente permanece oculto: que la comprensión puede transmitirse sin palabras y que el juego, cuando se aborda correctamente, se convierte en un vehículo para despertar la percepción.


Todo juego auténtico participa de este proceso. Algo pasa. Algo es reconocido. Y el tablero —imparcial y preciso— continúa su trabajo silencioso, transmitiendo comprensión de jugador a jugador, de una generación a la siguiente.

 



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