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  • Javier Romano

Dejar Caer el Lastre

El concepto de «perder» puede ser considerado como una forma de preparación para nuestro futuro. Aunque esté casi automáticamente asociado a algo negativo, en realidad está sucediendo continuamente en todo, desde nuestra biología, nuestro propio cuerpo, hasta los procesos de la naturaleza en nuestro hábitat humano, animal, vegetal y mineral. El muy citado «nada se pierde, todo se transforma» puede aplicarse aquí justamente.

¿Pero quién y cuando dijo que «perder» era siempre algo malo? En el equilibrio de la existencia, de la vida, esta creencia se ha «filtrado» en la mitología popular, de que siempre hay que ganar y evitar perder.

Si estamos hablando de lo material, particularmente de los bienes y del comercio de éstos, hay unas leyes y unas reglas que especifican esto y tienen su lugar y razón. Usamos el sentido común y la experiencia propia y la de otros para confirmar la validez de esto.

Aún así, podemos ver que la aparente solidez de estos principios y la manera en que intentamos aferrarnos a esta forma de «seguridad», muy a menudo se ve frustrada por eventos que parecen contrariar nuestras suposiciones. Catástrofes naturales se llevan en segundos las posesiones adquiridas durante decenios; una imprevista enfermedad acaba en pocos meses con la vida —y con ella los planes— de un ambicioso industrial; una pandemia detiene todo un aparato productivo durante meses o años, etcétera.

En un nivel más interno estas «pérdidas» también se producen constantemente, dando lugar a la creación de nuevos espacios, a la regeneración celular a niveles microscópicos, a la adquisición de verdades más profundas que parecerían oponerse a aquéllas que manteníamos hasta hace poco.

El Universo es rico y abundante y está colmado de Bien, Belleza y Majestad. Por eso se lo llama el Todo. Pero no lo experimentamos en su totalidad, nuestra limitada percepción nos deja ver apenas una pequeña parte de este inconmensurable Todo, las más de las veces haciéndonos ver lo que parece faltarle. Solo lo parece, ya que extrapolamos a menudo nuestras carencias personales o aquéllas que vemos en otros, hacia el magnánimo Universo, disminuyéndolo injustamente. El Universo no se resiente por esto, pero nos sigue mirando con Amor y Compasión, esperando que despertemos y comencemos a ver más allá de nuestra burbuja limitada de percepción, comúnmente llamada «ceguera».

Uno de los muchos beneficios de jugar Quaternity es el darse cuenta gradualmente que el perder es un fenómeno natural y necesario para el crecimiento, para la evolución. No se puede avanzar sin aceptar la pérdida, incorporándola con franca aceptación.

Este «perder» lleva a la mente a una forma de «estupefacción» muy saludable: rompe falsas certezas, —verdaderas trabas y velos en nuestro camino hacia la comprensión profunda. La misma mecánica del juego te pone en frente a una paradoja que no parece tener solución. Si no se nos hubiese sabiamente dicho que «el camino recto está en medio de la paradoja», parecería una cuestión sin esperanza. Mejorar el propio juego ayuda a eliminar muchas posibles variables, hay mecanismos que se vuelven más familiares y ciertas cosas pueden llegar a volverse predecibles y otras pueden ser evitadas. No obstante este mejoramiento, este progreso en la habilidad, la configuración del juego parece estar diseñada para producir, al menos en un nivel, una suerte de «desconcierto».

Recuerdo vivamente innumerables momentos donde se me dio jaque mate y me quedé pasmado, sin saber qué había pasado, de donde provenía el devastador impacto. Podría quizá compararse a lo que experimentaría un boxeador al recibir el último golpe que le da el «knock-out» haciéndolo perder su estabilidad y su lucidez, una fuerza superior que de algún modo «lo pone en su lugar».

La sensación de «de dónde vino este golpe» es típica del Quaternity ya que no siempre es posible ver que está sucediendo en la totalidad del tablero, en especial cuando, generalmente hacia finales de la partida, las pocas piezas restantes están mezcladas y esparcidas de un modo tan aparentemente «caótico» que es difícil ver qué está sucediendo. Por ello un jaque mate puede llegar muy imprevistamente y de cualquier lado, sin haber tenido la posibilidad de prepararse para su llegada.

Este no poder ver todo lo que está sucediendo pone a la mente «en su lugar», el lugar que le corresponde, de asumir y comprender su propia limitación. Quizá sea oportuno aquí hacer la distinción de que esta comprensión le sucede a nuestro hemisferio cerebral izquierdo, no al derecho, le acontece al «emisario» y no al «maestro», para usar los términos de Iain McGilchrist en su libro «El Maestro y su Emisario».

En este proceso de reconocimiento, el «emisario» vuelve a aprender/recordar lo que había temporalmente olvidado: que es simplemente un empleado ejerciendo una función a servicio del maestro, quien, por definición, sabe mejor y de modo más completo.

Con la práctica del ajedrez tradicional y similares actividades que estimulan mayormente la función racional del cerebro, el emisario necesitó entrenarse y crecer durante un período de tiempo. Esto había sido un desarrollo necesario en respuesta a una adaptación a la «nueva» función del intelecto, como bien explica este fragmento:


«…Ciertas razas prometedoras de pre-hombres se extinguieron inexplicablemente, y se ha aventurado que esto ocurrió porque fueron incapaces de adaptarse al intelecto — para ellos una experiencia incomprensible e ingobernable. Análogamente, una función que da acceso a un mundo cuatri-dimensional puede ser igualmente desastrosa para un Hombre Moderno basado en el intelecto».

El Pueblo del Secreto. E. Scott


Pero con la llegada de Quaternity llegó también el nuevo desafío: trascender la mentalidad racional y esforzarse por acceder a una forma de cognición más elevada y completa.

Este «juego» es no solo un instrumento para facilitar esta nueva transición hacia un cambio en nuestra forma de percibir la realidad, sino que también está simplemente reflejando un evento a gran escala que está tomando forma en nuestro hábitat y en el Cosmos mismo. Probablemente no sea el único instrumento, los caminos son aparentemente diversos pero el objetivo es el mismo. El cambio se producirá ya que la alternativa que resta es desoladora y tiene que ver con la extinción o con la servidumbre a fuerzas inferiores que no desean que esta transición se haga realidad.

Hay dificultad en «dejar ir, soltar» la vieja y acostumbrada modalidad del «no tiene sentido». Estos parámetros del pensamiento nos mantienen atados a una percepción limitada y obsoleta. Es necesario hacer cierto tipo de esfuerzos sutiles, perseverar en aquéllas prácticas que puedan ser útiles a esta apertura vital.


«En cada etapa el hombre tiene que abandonar lo seguro, lo fiable, y —para su momento presente— lo más avanzado. En cada etapa tiene que luchar con la fuerza negativa de la inercia. Tiene que superar un obstáculo mental del mismo modo que una vez tuvo que superar obstáculos biológicos. Si triunfa, aprende más, comprende más, se acerca a la participación».

El pueblo del Secreto. E. Scott


Por eso, «perder» tiene que ver mucho con deshacerse de las viejas capas de herrumbre que impiden «ver» y conocer la realidad en su infinita manifestación.

Es el proceso del «desvestirse» para poder atravesar los velos que nos separan de los reinos sutiles internos. La mente sola no podrá entender el Quaternity, las leyes que operan en su estructura, la dinámica plural que lo caracteriza. La mente se tendrá que situar en su papel de «emisario» y dejar que el maestro (representado por el hemisferio derecho) se haga cargo del juego, como era originalmente su función. De este modo este juego actúa como restaurador de una función primordial para el ser humano y su futuro desarrollo. No es poco.


«…De este modo, te sugerimos que utilices tu aparato mental no literal y te entrenes para sentirte cómodo con paradigmas o narrativas de pensamiento ilógicas, irracionales o «absurdas». Es así como muchas «historias de enseñanza» se presentan de manera aparentemente ilógica y/o irracional, para que no sean inmediatamente tomadas y asimiladas por la estructura dominante de tu programación mental».

Sé dueño de tu Soberanía. K.S.Perl


Este entrenamiento conlleva un acceso gradual hacia una forma de libertad interna, es una herramienta de trabajo que, juntamente con otras prácticas internas, puede ayudar a la activación y el desarrollo de los órganos internos de percepción.

A ejercitarse, jugadores, sin descorazonarse por las «pérdidas». Imaginemos que éstas son como los lastres en un globo aerostático, cuanto más dejemos caer, más alto podremos volar.

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